Un destino sorpresa.

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El año pasado llegue a mis preciados 30 años, y por ende mi media naranja estaba decidido a sorprenderme con un destino sorpresa. Él hizo algo que ya en dos ocasiones yo había intentado hacer pero no había tenido éxito. Pero es que abandonar los 20’s y llegar a los ‘ta no es tarea fácil.

Confieso que la peor maleta de mi vida fue la que llevé en dicho viaje. Y es que eran pocas las pistas que tenía y que tampoco pedía, ya que quería fluir en la aventura. Realmente no es la primera vez que hacemos un viaje para la fecha de mi cumpleaños, aunque usualmente es casualidad. La diferencia en esta ocasión, era que me montaba en ese avión sin un destino en mente. Romántico, ¿verdad?

Entonces, ¿quieren saber las pistas?

«Es como New York, pero no tan frío», nunca entendí lo que me quiso decir con esto.

«Hacemos escala en Miami», entonces las posibilidades se redujeron a…. pues ni idea porque seguía siendo un destino internacional.

Lo que hizo todo esto especial es que yo apoyé su idea loca y él estaba con los nervios de punta porque la mayoría de las veces soy yo la que planifico el itinerario de viaje. Al final dio con el clavo, porque para mí todo fue perfecto. ¿Su plan? Sencillo.

  1. Seleccionó el destino pensando en mi.

Él sabía que me moría por ir a San Francisco. Usualmente no soy de las que tiene en mente destinos en Estados Unidos, pero particularmente esta ciudad de subidas y bajadas no la podía sacar de mi cabeza. Una de las razones principales es por el interés que hemos despertado por las comidas y los vinos. Y obviamente, por un gran deseo de visitar a NAPA.

  1. Fue un secreto para mí y los míos

Bien pocas personas sabían el destino, le había comentado que limitara el secreto ya que de lo contrario a cualquiera se le podría escapar. Todo se volvió un juego de adivinanzas hacia donde podría ser, es que las posibilidades eran amplias. Realmente los pocos que sabían, era porque eran cómplices del destino.

  1. Planificó el itinerario de antemano.

Como mencione, la mayoría de las ocasiones me gusta tener el control en cuanto a lo que estaremos haciendo en los diversos destinos que visitamos, pero en esta ocasión le tocaba a él. Se aseguro de cuadrar la logística del itinerario y reservaciones de antemano. Todo esto con espacio a ser espontáneos.

  1. Tuvo mi cooperación 100%. 

A pesar de que me gusta tener el control, lo cierto es que si no hubiese fluido, la experiencia de este viaje sorpresa no se hubiese dado a la perfección. La clave está en disfrutártelo y ser cooperador. En el proceso logré montarme en el segundo avión antes de enterarme, mi meta era llegar al destino pero el capitán se me adelantó y ahí grité de la emoción.

«Los científicos dicen que estamos hechos de átomos pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias.» Eduardo Galeano

Y tú, ¿irías a algún viaje sin saber el destino? ¿Has planificado algún destino sorpresa?  

 

 

 

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